La lepra todavía es un problema de salud pública en las zonas más pobres del mundo. En 2007, hubo aproximadamente 255 000 nuevos casos informados en todo el mundo. La lepra (o enfermedad de Hansen) es una enfermedad infecciosa crónica. La piel y los nervios periféricos de las personas con lepra contienen bacterias de la lepra. La lepra puede curarse con una combinación de antibióticos. El sistema inmunitario desempeña una función importante en la lepra y determina si aparecerá la enfermedad y de qué manera. La respuesta del sistema inmunitario a los antígenos de la bacteria de la lepra puede causar períodos de inflamación en la piel y los nervios, denominados reacciones. Las reacciones son la causa principal del daño nervioso agudo y la discapacidad de la lepra y ocurren en aproximadamente un tercio de las personas con lepra. Un tipo de reacción es el eritema nudoso leproso (ENL), una complicación grave y frecuentemente crónica de la lepra causada por el sistema inmunitario. Las personas con ENL presentan tumefacciones rojas dolorosas en la piel y con frecuencia decaimiento debido a la fiebre y el malestar general. Existen varios tratamientos para el ENL, incluidos los fármacos orales como la prednisolona, la talidomida y la clofazimina. Se realizó una revisión sistemática sobre este tema debido a que no estuvo claro cuáles fueron los tratamientos más beneficiosos.
La revisión incluyó 13 ensayos controlados aleatorios con 445 participantes. Estos ensayos evaluaron: la betametasona (1 ensayo), la talidomida (5 ensayos), la pentoxifilina (1 ensayo), la clofazimina (3 ensayos), la indometacina (2 ensayos) y el levamisol (1 ensayo). En general, la calidad de los estudios fue deficiente y muchos fueron demasiado pequeños para identificar diferencias clínicas significativas, aún cuando estaban presentes. Tres ensayos pequeños revelaron beneficios del tratamiento con talidomida y clofazimina con menos reacciones adicionales, más éxitos del tratamiento y menos recurrencias del ENL.
La mayoría de los ensayos informaron los eventos adversos, pero por lo general no fue posible comparar la incidencia de cualquier evento adverso entre el grupo experimental y el grupo de control. La mayoría de los eventos adversos informados no fueron demasiado graves, y sólo unos pocos participantes no pudieron terminar con el tratamiento debido a eventos adversos graves u otras razones.
Ninguno de los ensayos evaluó si las intervenciones mejoraron la calidad de vida de los participantes.
Aunque no se encontraron beneficios claros en estas series de pequeños estudios deficientes realizados, esto no significa que los fármacos no sean efectivos en el tratamiento del ENL, sólo que las pruebas científicas son insuficientes. Los estudios futuros deben estar mejor diseñados y utilizar definiciones y resultados claros, incluidas las medidas de resultados a largo plazo y de calidad de vida.
