La esquizofrenia es una enfermedad mental grave, crónica y recurrente, con una prevalencia de por vida a nivel mundial de aproximadamente el 1%.
Los antipsicóticos "típicos" de primera generación como la clorpromazina y el haloperidol han sido los pilares del tratamiento y han proporcionado una respuesta al tratamiento para la mayoría de las personas con esquizofrenia, en forma de reducción de los episodios psicóticos o de disminución en la gravedad de la enfermedad. Sin embargo, una proporción de personas aún no responde adecuadamente a la medicación antipsicótica. Adicionalmente, los antipsicóticos se asocian con efectos adversos graves que a menudo pueden comprometer el cumplimiento con la medicación e incrementar la incidencia de recaídas.
El aripiprazol es uno de los nuevos fármacos antipsicóticos de tercera generación, los denominados estabilizadores del sistema dopamina-serotonina. El aripiprazol no es significativamente diferente de los fármacos típicos (haloperidol, perfenacina, clorpromazina) con respecto a la eficacia. Tiene un perfil favorable de efectos adversos. Presenta un riesgo significativamente menor de causar síntomas extrapiramidales, hiperprolactinemia, glucemia elevada o taquicardia sinusal. Con el aripiprazol ocurren náuseas y mareos con más frecuencia. Lo anterior indica una ventaja significativa sobre los fármacos típicos en cuanto a la tolerabilidad. Podría ser más efectivo para alentar el cumplimiento que otros fármacos utilizados en el tratamiento de la esquizofrenia.
