Comparación de la monitorización electrónica continua de la frecuencia cardíaca fetal en el trabajo de parto mediante la cardiotocografía (CTG, a veces conocida como MFE), con la monitorización intermitente (auscultación intermitente [AI])
La monitorización de la frecuencia cardíaca fetal es una manera de comprobar el bienestar de los fetos durante el trabajo de parto. Mediante la escucha, o los registros de las pulsaciones del feto, se espera identificar a los fetos con insuficiencia de oxígeno (hipóxicos) y a los posibles beneficiarios de una cesárea o un parto vaginal instrumental. La frecuencia cardíaca fetal se puede monitorizar de forma intermitente mediante un estetoscopio fetal de Pinard (dispositivo especial con forma de trompeta) o un dispositivo Doppler manual. También es posible verificar de forma continua la frecuencia cardíaca mediante una máquina de CTG. A menudo, este método se conoce como monitorización fetal electrónica (MFE) y produce un registro en papel de la frecuencia cardíaca fetal y las contracciones de la madre durante el trabajo de parto. Aunque una CTG continua proporciona un registro escrito, impide que las mujeres se muevan durante el trabajo de parto. Por lo tanto, las mujeres no podrán cambiar de posición o ir al baño, lo que ayudaría al alivio y el control durante el trabajo de parto. También implica que algunos recursos tienden a estar enfocados en las necesidades de la CTG, en lugar de en la mujer en trabajo de parto. Esta revisión comparó la monitorización con CTG continua con la auscultación intermitente (escucha). Encontró 12 ensayos que incluyeron más de 37 000 mujeres. La mayoría de los estudios no fueron de calidad alta y la revisión está dominada por un ensayo grande y bien realizado de casi 13 000 mujeres que recibieron atención de una persona durante todo el trabajo de parto en un hospital, donde las membranas se habían roto de forma espontánea o se habían roto de forma artificial lo antes posible y donde se utilizó la estimulación de las contracciones con oxitocina en aproximadamente la cuarta parte de las mujeres. No hubo diferencias en el número de fetos que murió durante o poco después del trabajo de parto (aproximadamente uno en 300). Las convulsiones (crisis epilépticas neonatales) en los recién nacidos fueron muy poco frecuentes (aproximadamente una cada 500 nacimientos), pero ocurrieron significativamente con menor frecuencia cuando se utilizó la CTG continua para monitorizar la frecuencia cardíaca fetal. No hubo diferencias en la incidencia de parálisis cerebral, aunque no se han evaluado completamente otros efectos posibles a largo plazo y es necesario realizar estudios adicionales. La monitorización continua se asoció con un aumento significativo de las cesáreas y los partos vaginales instrumentales. Se conoce que los dos procedimientos conllevan riesgos asociados a un procedimiento quirúrgico, aunque los estudios incluidos no evaluaron resultados adversos específicos.
