Cincuenta y un estudios, que incluyeron 1 867 sujetos expuestos a la música y 1 796 controles, cumplieron con los criterios de inclusión.
En los 31 estudios que evaluaron la media de la intensidad del dolor hubo una variación considerable en el efecto de la música, lo que indicó heterogeneidad estadística (I = 85,3%). Después de agrupar los estudios según el tipo de dolor, la heterogeneidad persistió, excepto en los estudios que evaluaron el dolor agudo postoperatorio. En este último grupo, los pacientes expuestos a la música presentaron una intensidad del dolor 0,5 unidades más baja (en una escala de 0 a 10) que los sujetos no expuestos (IC del 95%: -0,9 a -0,2). Los estudios que permitieron a los pacientes seleccionar la música no revelaron ningún beneficio de la misma; la intensidad del dolor se redujo 0,2 unidades (IC del 95%: -0,7 a 0,2).
Cuatro estudios informaron la proporción de sujetos con al menos un 50% de alivio del dolor: los sujetos expuestos a la música mostraron un 70% más de probabilidades de presentar alivio del dolor que los sujetos no expuestos (IC del 95%: 1,21 a 2,37). NNT = 5 (IC del 95%: 4 a 13).
Tres estudios evaluaron la necesidad de opiáceos 2 horas después de la cirugía: los sujetos expuestos a la música requirieron 1,0 mg (18,4%) menos de morfina que los sujetos no expuestos (IC del 95%: -2,0 a -0,2). Cinco estudios evaluaron la necesidad de opiáceos 24 horas después de la cirugía: el grupo expuesto a la música requirió 5,7 mg (15,4%) menos de morfina que el grupo no expuesto (IC del 95%: -8,8 a -2,6). Cinco estudios evaluaron la necesidad de opiáceos durante procedimientos dolorosos: la diferencia en dicha necesidad mostró una tendencia a favor del grupo expuesto a la música (-0,7 mg, IC del 95%: -1,8 a 0,4).