La anticoncepción para las mujeres que amamantan es un tema de importancia global en la salud pública. Cada año, más de 100 millones de mujeres toman decisiones acerca del inicio o la continuación de la anticoncepción después del parto (Tsui 1997). Estas decisiones incluyen tanto la selección del método anticonceptivo como el momento en el que comienza su uso. Para las mujeres que amamantan, la selección y el momento de la anticoncepción hormonal pueden influir tanto en la lactancia como en el crecimiento del niño.
La anticoncepción después del parto mejora la salud de las madres y los recién nacidos al prolongar los intervalos entre los nacimientos. Es más probable que las mujeres informen que los nacimientos o los embarazos son no deseados cuando los mismos ocurren con un intervalo de 24 meses o menos. La prevención de tales embarazos no deseados ayuda a evitar sus costos económicos, psicológicos y sanitarios (Tsui 1997). Los intervalos más prolongados entre los nacimientos (entre 27 y 32 meses) también disminuyen el riesgo de complicaciones maternas importantes, incluyendo muerte, hemorragias del tercer trimestre, endometritis puerperal y anemia (Conde-Agudelo 2000). De acuerdo con un análisis reciente, un intervalo de tres años entre los nacimientos disminuye de forma óptima la mortalidad neonatal, postneonatal e infantil para el segundo hijo (Setty-Venugopal 2002). Por lo tanto, el espaciamiento de los nacimientos produce importantes beneficios para la salud de las madres así como su descendencia.
La lactancia también tiene beneficios bien establecidos para la salud. La lactancia aporta al niño una nutrición completa, una fuente segura de alimentos, y defensas inmunológicas contra las enfermedades infecciosas. Ahorra recursos económicos que se gastarían en sustitutos de la leche, no necesita de suministros, y reduce el riesgo materno de cáncer ovárico y de mama (Population 1999; Grimes 1995).
La lactancia influye en la necesidad y el momento de la anticoncepción postparto. Después del parto aparece un intervalo de anovulación, y el período de tiempo que transcurre hasta la reaparición de la ovulación depende de los patrones de lactancia, variaciones biológicas, nutrición, geografía, cultura y factores socioeconómicos (Knijff 2000). La lactancia en sí puede ser una forma efectiva de anticoncepción temporal, y se conoce como Método de Amenorrea de la Lactancia (LAM, sigla en inglés de Lactational Amenorrhea Method). Las mujeres que amamantan de forma exclusiva, no presentan sangrado uterino y es improbable que ovulen durante los 6 meses siguientes al parto y por ello tienen un bajo riesgo de embarazo (Diaz 1993; Hatcher 1998). Debido a que el regreso de la menstruación y la ovulación pueden ser impredecibles en las mujeres que amamantan, es importante el momento del inicio de la anticoncepción. Idealmente, el método anticonceptivo de elección no debe interferir con la lactancia.
En teoría, los anticonceptivos hormonales, especialmente los que contienen estrógenos, pueden afectar la lactancia por su efecto sobre la prolactina, la hormona responsable de la producción de leche. Durante el embarazo, los niveles de prolactina aumentan y son máximos en el momento del parto. Sin embargo, durante el embarazo tanto los estrógenos como la progesterona bloquean el efecto de la prolactina sobre las mamas. Después del parto, los niveles tanto de estrógenos como de progesterona disminuyen significativamente y, sin sus efectos inhibitorios, la prolactina inicia la producción de leche. La succión del niño estimula más la prolactina, la que sostiene entonces la producción de leche. La ingurgitación mamaria y la secreción de leche completa comienza de tres a cuatro días después del parto, cuando los estrógenos y la progesterona han disminuido lo suficiente en la circulación materna (Speroff 1994). Al reconocer el efecto supresor de los estrógenos y la progesterona sobre la producción de leche, en décadas pasadas los médicos administraban hormonas esteroides inmediatamente después del parto a las mujeres que no deseaban amamantar con el objetivo de reducir la ingurgitación mamaria.
Las recomendaciones sobre la anticoncepción hormonal durante la lactancia y el momento de su iniciación son objeto de debate entre los expertos. La selección de la anticoncepción puede estar limitada para la mujer que amanta debido a las preocupaciones con respecto a los potenciales efectos hormonales negativos sobre la calidad y la cantidad de leche, el paso de hormonas al lactante y el crecimiento y desarrollo de éste. Hasta la fecha, la mayoría de los estudios han encontrado efectos perjudiciales de los anticonceptivos orales sobre la lactancia, pero ninguno de la anticoncepción con sólo progestina (Diaz 1993; Hatcher 1998). No obstante, los estudios tuvieron diferentes formas de medir los efectos sobre la producción de leche, arrojaron resultados inconsistentes y a menudo fracasaron en mostrar efectos negativos sobre los niños.
A pesar de los efectos adversos potenciales de los anticonceptivos orales combinados sobre la lactancia, muchas mujeres prefieren marcadamente este método (Erwin 1994). Los anticonceptivos orales combinados tienen muchos beneficios, incluyendo la familiaridad con el método, la efectividad, la seguridad, la reversibilidad, el excelente control del ciclo, disminución en dolor y en las contracciones menstruales, la disminución de los días de hemorragia y la cantidad de las pérdidas sanguíneas, y otros beneficios no anticonceptivos. Es posible que otros métodos hormonales, que incluyen la píldora de sólo progestina, no ofrezcan todas estas ventajas (Hatcher 1998). De hecho, algunas mujeres abandonan precozmente la lactancia para comenzar con las píldoras combinadas (Erwin 1994; Hatcher 1998).
Es necesario que las recomendaciones clínicas se basen en los hechos si las mujeres van a tomar decisiones informadas con respecto a la anticoncepción durante la lactancia. Esta revisión examina la hipótesis a priori de que los anticonceptivos hormonales combinados tienen efectos negativos sobre la lactancia y el crecimiento del niño, comparados con los métodos con sólo progestina y los no hormonales.
