El eccema atópico (dermatitis atópica o eccema infantil) es un gran problema en todo el mundo. La piel de las personas con eccema atópico a menudo contiene grandes cantidades de una bacteria llamada Estafilococo aureus (S. aureus).
A veces el Staphylococcus aureus da lugar a una infección secundaria evidente. Aun cuando el eccema no parece infectado el Staphylococcus aureus puede desempeñar un papel propiciando la inflamación de la piel. Como resultado, se han desarrollado numerosos tratamientos para disminuir el Staphylococcus aureus, que incluyen los antibióticos tomados por vía oral, el lavado con jabones antibacterianos o los antibióticos combinados con otros tratamientos para el eccema. Se decidió realizar una revisión sistemática sobre este tema ya que no está claro que tratamientos ofrecen algún beneficio clínico y porque existe cierta preocupación de que su uso generalizado pueda promover la resistencia bacteriana.
La presente revisión incluyó 21 ensayos controlados aleatorios, con un total de 1 018 participantes, que comprendían una serie de tratamientos antiestafilocócicos: antibióticos orales (3 ensayos), jabones antibacterianos (1 ensayo), esteroides tópicos combinados con antibacterianos (10 ensayos), aditivos de baño antibacterianos (2 ensayos), cremas de antisépticos/antibióticos tópicos (4 ensayos) y paños impregnados con plata (1 ensayo). En general, la calidad de los estudios informados fue deficiente y muchos fueron demasiado pequeños para identificar diferencias importantes si existieran. Ninguno de los ensayos demostró algún tipo de beneficio claro en cuanto al control del eccema a corto plazo para alguna de las intervenciones evaluadas, aunque varias intervenciones se asociaron con una reducción en la cantidad de Staphylococcus aureus en la piel. No hubo pruebas claras de que las combinaciones ampliamente utilizadas de esteroides y antibióticos tópicos fueran mejores que los esteroides tópicos utilizados solos. Los efectos adversos, tales como la irritación, fueron especialmente mal informados y sólo un estudio notificó la aparición de cepas bacterianas resistentes en el grupo tratado con antibióticos orales. Sólo un estudio pequeño, no concluyente, evaluó personas con eccema clínicamente infectado.
Es necesario tener cuidado al interpretar los estudios incluidos en esta revisión, dado que el hecho de que una serie de estudios pequeños, informados de manera deficiente, no muestren beneficios no significa que las intervenciones antiestafilocócicas no puedan ser útiles para el tratamiento del eccema. Es habitual en la práctica clínica tratar el eccema evidentemente infectado con antibióticos orales y esa práctica debería continuar hasta que pruebas convincentes indiquen lo contrario Sin embargo, dado que ninguno de los otros estudios demostró un beneficio clínico claro de las intervenciones antiestafilocócicas en el eccema no infectado, su uso continuo debería cuestionarse en tales circunstancias. Deberían realizarse más estudios para considerar los posibles beneficios y perjuicios a largo plazo de tales intervenciones en la prevención de brotes de eccema atópico.
