Diuréticos para la insuficiencia cardíaca en adultos
La insuficiencia cardíaca crónica (ICC) (también llamada insuficiencia cardíaca congestiva o insuficiencia cardíaca) es un trastorno en el cual el corazón pierde su capacidad de bombear sangre a todo el cuerpo de manera eficiente. El oxígeno y los nutrientes de la sangre le ofrecen al cuerpo la energía necesaria para funcionar eficientemente. La insuficiencia cardíaca crónica causa disnea y fatiga, ya que el corazón no puede funcionar como debería. La insuficiencia cardíaca puede afectar el lado izquierdo, derecho o ambos lados del corazón. Si la mitad izquierda del corazón no funciona (insuficiencia ventricular izquierda), se acumulará líquido en los pulmones debido a la congestión de las venas pulmonares. Si la mitad derecha del corazón no funciona (insuficiencia ventricular derecha), aumentará la presión venosa corporal general y se acumulará líquido en el cuerpo, especialmente en los tejidos de las piernas y órganos abdominales (de estos, el hígado es el órgano con mayor probabilidad de ser afectado). Generalmente, la insuficiencia cardíaca izquierda causa insuficiencia cardíaca derecha, lo que produce insuficiencia biventricular (ambos lados). Puede acumularse líquido en pulmones y piernas. La coronariopatía, un ataque cardíaco o la hipertensión son algunas de las causas de la insuficiencia cardíaca. Los tratamientos farmacológicos incluyen digitálicos, inhibidores de enzima convertidora de la angiotensina (ECA), betabloqueantes y diuréticos. Los diuréticos son importantes, ya que alivian los síntomas rápidamente y controlan la retención de líquidos. Los posibles efectos secundarios de los diuréticos incluyen irregularidades cardíacas (arritmias), hipotensión arterial y trastornos en la función renal. Algunos de los diuréticos utilizados son furosemida, bumetanida y clorotiazida. Aparentemente, los diuréticos convencionales reducen el riesgo de muerte y el empeoramiento de la insuficiencia cardíaca comparados con una pastilla de azúcar inactiva (placebo). Se pueden evitar aproximadamente 80 muertes por cada 1 000 personas tratadas. Los diuréticos también aumentan la capacidad de realizar ejercicio, en aproximadamente 28% a 33% más que con otros fármacos activos. Estas conclusiones se basaron en 14 ensayos controlados (525 personas), de los cuales 3 ensayos destacaron muertes en 202 personas asignadas al azar para recibir diuréticos o placebo, y 2 ensayos, un total de 169 personas, analizaron la hospitalización por empeoramiento de la insuficiencia cardíaca. De los 7 ensayos que comparaban el tratamiento diurético con otro fármaco, se estudiaron los efectos sobre el ejercicio en 4 ensayos, en los que se asignó al azar a 91 personas para recibir un diurético, un inhibidor de la ECA o digoxina. La mayoría de los ensayos tenían números pequeños y duraron de 4 a 24 semanas, un tiempo corto para una enfermedad crónica. La edad, relativamente joven, de los participantes fue de 59 años, y el uso del diurético no se estandarizó entre los estudios.
