La fiebre es común cuando hay infecciones. Es causada por el organismo que responde a la enfermedad o a la invasión por agentes patógenos (Kluger 1992). La fiebre hace que las personas no se sientan bien y a veces, en los niños, una temperatura que aumenta rápidamente produce una convulsión (Behrmann 2000). Las convulsiones febriles son el tipo más común de convulsiones de la infancia y se sabe que afectan aproximadamente del dos al cinco por ciento de todos los niños (Verity 1985). Aproximadamente, el 30 por ciento de los que han tenido un episodio de convulsiones febriles tienen convulsiones adicionales (Stuijvenberg 1998).
El mecanismo fisiológico por el que se produce la fiebre no está aclarado.
Sin embargo, se sabe que varios factores inmunológicos interactúan en el proceso que conduce a la fiebre, notablemente los factores químicos denominados citoquinas, producidas por los leucocitos. Los expertos sugieren que las citoquinas actúan sobre el centro cerebral que regula la temperatura (centro termorregulador) para iniciar la respuesta fisiológica que produce la fiebre (Kwiatkowski 1995). La fiebre también aumenta la velocidad con la que el cuerpo usa sus reservas de energía, sobre todo cuando coexiste con escalofríos y temblores (Mackowiak 1998).
Los fármacos usados con mayor frecuencia para tratar la fiebre son el paracetamol, la aspirina y el ibuprofeno (Autret 1997). Estos fármacos ejercen sus efectos bloqueando diferentes puntos de la vía química que produce la fiebre. Mientras la aspirina y el ibuprofeno ejercen sus efectos sobre la vía central (en el cerebro), así como la periférica (en otras partes del cuerpo), se cree que el paracetamol sólo actúa sobre la vía central (Mackowiak 1998). La acción de estos fármacos sobre las vías de control de la temperatura tiene como resultado la dilatación de los vasos sanguíneos periféricos para disipar el calor (Meyers 1980, Mackowiak 1998).
La gente también usa métodos refrescantes físicos, como el abanicado y el lavado con esponja tibia, que disipan el calor de la piel (Agbolosu 1997).
Aunque el proceso de la enfermedad que produce la fiebre es obviamente dañino, algunos expertos sugieren que la fiebre puede tener un efecto beneficioso, reforzando la resistencia del huésped a la infección (Kramer 1991, Kluger 1992, Roberts 1991). Algunos de estos expertos sostienen que las intervenciones específicamente dirigidas a la resolución de la fiebre pueden interferir con el papel beneficioso de la fiebre durante la enfermedad y afectar adversamente el resultado de la enfermedad. Un informe sugiere que el tratamiento con fármacos antipiréticos podría aumentar la mortalidad en las infecciones graves, prolongar la eliminación de virus y disminuir la respuesta de anticuerpos a la infección viral (Shann 1995). Otro investigador ha observado que la administración de paracetamol a niños africanos con paludismo prolongó el tiempo de depuración del parásito (Brandts 1997). Una revisión Cochrane ha demostrado, sin embargo, que no hay suficiente evidencia para apoyar el punto de vista de que el paracetamol prolonga la depuración del parásito en las personas con paludismo (Meremikwu 2001).
Además de los efectos potencialmente dañinos de reducir la fiebre, hay daños asociados con fármacos específicos. Se sabe que la ingestión de una dosis alta de paracetamol produce daño hepático (Meredith 1981, Plotz 1981). Por ejemplo, la toxicidad por sobredosis de paracetamol es la causa más frecuente de insuficiencia hepática aguda en el Reino Unido (Newsome 2001). También se ha informado que las dosis excesivas de paracetamol producen trastornos de los riñones, el corazón, las células sanguíneas y el metabolismo (Jones 1997). Se ha informado que la aspirina causa acidosis metabólica (que se presenta con taquipnea), muy bajo nivel de azúcar en sangre (hipoglucemia), letargo, coma y convulsiones, síntomas que son frecuentes en el paludismo grave. Por consiguiente, su uso en los pacientes con paludismo puede llevar a confusiones diagnósticas, complicaciones y aumentar el riesgo de muerte (English 1996). Otra limitación importante del uso de aspirina en los niños es su asociación con el síndrome de Reye, un evento adverso raro que puede llevar al coma y muerte en los niños. La asociación de la aspirina con el síndrome de Reye ha llevado a la prohibición oficial del uso de aspirina para tratar niños en el Reino Unido y muchos otros países (Hall 1988, Porter 1990). Otros efectos adversos informados de los fármacos antipiréticos (incluyendo el ibuprofeno) son la hemorragia gastrointestinal, la acidez, la dispepsia, las náuseas y vómitos (Done 1983, Meyers 1980).
Los efectos adversos frecuentes de los métodos físicos incluyen temblores, llanto e incomodidad. El lavado con esponja con agua fría puede producir enfriamiento periférico, pero la contracción de los vasos sanguíneos puede en realidad hacer que se conserve el calor (Mackowiak 1998). La temperatura axilar disminuirá y la temperatura rectal subirá.
Las incertidumbres asociadas con los fármacos antipiréticos y los métodos físicos han llevado a un debate sobre los beneficios y daños de los métodos de reducir la fiebre (Choonara 1992, Done 1983). La mayoría de las personas que atienden enfermos y muchos médicos creen que el tratamiento de la fiebre alivia los síntomas y previene los efectos dañinos, como las convulsiones febriles (Stuijvenberg 1998). Un estudio reciente ha demostrado que los temores de los padres acerca de los efectos presuntamente dañinos de la fiebre en los niños (también llamados "fobia a la fiebre") todavía son frecuentes, y en la mayoría de los casos, debidos a conceptos erróneos (Crocetti 2001). Dado que estos fármacos y los métodos físicos se recomiendan ampliamente para tratar a los niños con fiebre, se intentó examinar la evidencia proveniente de la investigación confiable acerca de los beneficios y daños de cada método a través de las siguientes revisiones individuales.
(1) Paracetamol para tratar la fiebre en los niños (esta revisión)
(2) Métodos físicos para tratar la fiebre en los niños (en preparación)
(3) Ibuprofeno para tratar la fiebre en los niños (en preparación)
(4) Aspirina para tratar la fiebre en los niños (en preparación)
Las comparaciones entre las intervenciones en cada revisión se estructuraron como sigue.
(1) PARACETAMOL
Paracetamol comparado al placebo
Paracetamol comparado a los métodos físicos
(2) MÉTODOS FÍSICOS
Métodos físicos comparados a nada o a un placebo
Métodos físicos agregados a cualquier otra intervención farmacológica comparados con la intervención farmacológica exclusivamente
(3) IBUPROFENO
Ibuprofeno comparado al placebo
Ibuprofeno comparado a los métodos físicos
Ibuprofeno comparado al paracetamol
(4) REVISIÓN DE LA ASPIRINA
Aspirina comparada al placebo
Aspirina comparada a los métodos físicos
Aspirina comparada al paracetamol
Aspirina comparada con los fármacos antiinflamatorios no esteroides (AINEs)
PARACETAMOL PARA TRATAR LA FIEBRE EN LOS NIÑOS
El paracetamol (acetaminofeno) se usa ampliamente para tratar la fiebre en los niños. Este fármaco se considera eficaz y bien tolerado (McIntyre 1996). Por otro lado, algunos expertos argumentan que el uso de paracetamol puede prolongar la duración de ciertas infecciones (Brandts 1997). Algunos informes epidemiológicos sugieren que la incidencia de intoxicación aguda con paracetamol puede haber aumentado últimamente, probablemente debido al uso extendido del fármaco para tratar la fiebre (Meredith 1981). Los niños pueden desarrollar toxicidad por paracetamol debido a dosis inadecuadas inadvertidas, a dosis normales del fármaco administradas a niños con riesgo aumentado de toxicidad o a la administración de paracetamol junto con otros fármacos que también tienen el potencial de dañar al hígado (AAP 2001).
Hay razones obvias para preocuparse acerca de la seguridad de este fármaco y por las incertidumbres sobre sus beneficios reales en el tratamiento de la fiebre en la infancia. En esta revisión sistemática, se han examinado estas preguntas con el objeto de proporcionar evidencia confiable para la práctica clínica e identificar áreas para la investigación adicional.
