No existen pruebas de que la cirugía para disminuir la presión sobre el cerebro mejore el resultado después de un accidente cerebrovascular masivo.
Alrededor del 80% de los accidentes cerebrovasculares se deben a la obstrucción de una arteria en el cerebro. La obstrucción de una arteria ocasiona daño en una parte del cerebro, que se denomina infarto cerebral. Si la obstrucción compromete a una arteria principal, el área cerebral dañada puede ser de gran tamaño. Después de 24 a 48 horas de un infarto de gran tamaño, el cerebro puede inflamarse y causar un incremento peligroso de la presión en el interior del cráneo. La cirugía destinada a la extracción de parte del cráneo por encima del área inflamada del cerebro puede ayudar en la reducción de la presión y del riesgo de muerte o discapacidad. Sin embargo, intervenir quirúrgicamente a pacientes que se hallan en un estado grave después del accidente cerebrovascular puede acarrear riesgos significativos. Hasta el momento, no hay suficientes pruebas para decidir si la cirugía implica más beneficio que daño. Se están realizando ensayos aleatorios que comparan la cirugía con el tratamiento conservativo.
