Esta revisión es una de una serie de revisiones de métodos de inducción del trabajo de parto usando un protocolo estandarizado (Hofmeyr 2000).
La inducción del trabajo de parto es una intervención obstétrica común, la cual usualmente es realizada por una indicación médica (por ejemplo, relacionada con el bienestar del feto, el embarazo postérmino). También puede, de forma correcta o errónea, ser realizada por otras razones, tales como la solicitud de la mujer o por conveniencias del clínico.
La amniotomía, i.e. ruptura artificial de las membranas, fue descrita por primera vez hace más de 200 años por Thomas Denman del Hospital Middlesex en el Reino Unido. Este proceder es realizado a través de la vagina, a través de la cual el clínico identifica digitalmente el cuello y las membranas, introduce el instrumento que va a usar y atraviesa las membranas. El instrumento más comúnmente usado es un gancho de plástico diseñado especialmente, pero algunas veces se usa un fórceps quirúrgico de acero. El proceder por si mismo no es doloroso porque no hay terminales nerviosas en las membranas y no se requiere anestesia; sin embargo, el examen vaginal que se requiere para acceder al cuello y las membranas puede ser molesto y en algunos casos doloroso, particularmente si las membranas son difíciles de alcanzar.
La amniotomía puede ser realizada durante el trabajo de parto por varias razones clínicas, tales como fallos en el progreso en el primer estadío y necesidad de evaluar el estado del líquido en presencia de irregularidades en la frecuencia cardiaca fetal. En el pasado, ésta había sido indicada en combinación con oxitocina para el manejo activo del trabajo de parto (O'Driscoll 1973). Sin embargo, una revisión sistemática de 9 ensayos titulada "Amniotomía para acortar el trabajo de parto espontáneo" (Amniotomy for shortening spontaneous labour) (Fraser 2000), concluyó que este proceder está asociado a beneficios y riesgos y que debe ser reservado para mujeres con dificultades en el progreso del trabajo de parto. En particular, aunque esto puede reducir la duración del parto espontáneo y la necesidad de la oxitocina, hay una tendencia al incremento en la tasa de operaciones cesáreas.
También puede emplearse antes del trabajo de parto, como el único método de inducción o combinado con el uso de agentes farmacológicos con esta indicación, como la oxitocina o las prostaglandinas. Teóricamente, la amniotomía libera las prostaglandinas endógenas, lo cual a su vez, puede provocar cambios cervicales y parto espontáneo. Se ha demostrado un aumento en los metabolitos de las prostaglandinas, posterior a la amniotomía y su concentración parece que está relacionada con el intervalo entre la inducción y el parto (Husslein 1983).
Este proceder sólo es posible si las membranas son accesibles físicamente. Aún si el cuello es desfavorable (escala de Bishop baja), las membranas pueden estar accesibles. Los riesgos potenciales asociados con la amniotomía incluyen prolapso del cordón, si la presentación del feto es alta en el momento de realizar el proceder, y cuando las membranas han sido contaminadas con materia fecal, el medio ambiente fetal se torna vulnerable a una infección ascendente. De esta manera, los agentes infecciosos pueden ser introducidos en el momento de la amniotomía y posteriormente, durante los siguiente exámenes vaginales. La amniotomía para la inducción del trabajo de parto puede estar contraindicada en presencia de mujeres VIH positivas conocidas, ya que la duración de la ruptura de las membranas se ha identificado como un factor de riesgo independiente para la transmisión de la madre al niño de la infección del VIH (Landesman 1996).
Booth encontró que aproximadamente el 88% de las mujeres con una escala Bishop favorable parirán después de realizada la amniotomía, sin otra intervención (Booth 1970). Sin embargo, el intervalo entre la amniotomía y el parto podría ser largo, por ejemplo, Saleh 1975, en un estudio observacional prospectivo, de amniotomía versus amniotomía e infusión temprana de oxitocina endovenosa, informó más mujeres sin parir después de las 24 horas en el grupo con amniotomía sola, y esta diferencia era significativa. El intervalo largo entre la amniotomía y el parto puede ser inaceptable para las mujeres y/o para los clínicos, particularmente por el riesgo de la infección ascendente, y menos si hay una indicación clínica para la inducción que favorece el trabajo de parto y el parto sin demoras innecesarias. Por supuesto, el trabajo de parto podría no continuar, aun después de un intervalo prolongado, en este caso estarían indicados los agentes farmacológicos.
En la práctica obstétrica moderna actual, la amniotomía se usa más frecuentemente en combinación con agentes farmacológicos para la inducción del trabajo de parto. Sin embargo, el conocimiento de su eficacia como un método de inducción continúa siendo valioso por numerosas razones. En los países con recursos limitados, puede merecer considerarse como un método de inducción de primera línea, para evitar el uso de agentes farmacológicos caros. En algunas situaciones, donde las mujeres prefieren evitar la intervención farmacológica siempre que sea posible, pudiera ser usado inicialmente e introducir los agentes farmacológicos si después de un intervalo de tiempo específico, el trabajo de parto no progresa. En las mujeres con una operación cesárea anterior podría ser ventajoso evitar la estimulación uterina farmacológica.
