La osteoporosis es un cuadro que produce un mayor riesgo de fracturas debido a la reducción del volumen óseo, que es causada por un desequilibrio entre la formación ósea y la resorción ósea. Se define como una enfermedad caracterizada por baja masa ósea con deterioro microarquitectónico del tejido óseo, que conduce a una mayor fragilidad ósea y aumento consecuente del riesgo de fracturas (CDC 1994). Debido al envejecimiento de la población general, la osteoporosis es un problema de salud pública significativo (Papadimitroupoulos). Además, la carga de las fracturas osteoporóticas, en términos de dolor, invalidez y mortalidad representa un costo elevado para la sociedad (Goeree 1996).
Se sabe que el fluoruro estimula la actividad osteoblástica en los seres humanos, en contraste con la mayoría de las otras drogas usadas para la prevención y tratamiento de la osteoporosis, que inhiben la resorción ósea (Merz 1981). Debido a esta propiedad, el fluoruro se ha usado durante más de 30 años como tratamiento para la osteoporosis (Rich 1961). Los estudios histomorfométricos sugieren que aunque el fluoruro aumenta la densidad mineral ósea (DMO), hay una disminución correspondiente en la elasticidad y fuerza del tejido óseo (Aaron 1991), y se cree que el fluoruro altera la estructura cristalina del tejido óseo (Eriksen 1985).
La propiedad del fluoruro de aumentar la DMO se ha demostrado en varios ensayos con asignación al azar controlados, así como en una reciente revisión sistemática realizada por la National Osteoporosis Foundation (NOF 1998).
Sin embargo, otros estudios han demostrado un aumento en el dolor periarticular debido a fracturas por estrés (Orcel 1990, Schnitzler, 1985) y un aumento en la tasa de fracturas no vertebrales por el tratamiento con fluoruro (Riggs 1994). Se cree que estos efectos secundarios están relacionados con el tipo y la dosis de fluoruro (van Kesteren 1982).
