La conducta suicida ha sido identificada en muchos países como un importante problema de salud pública, bien sea con relación a la mortalidad y al tratamiento de los pacientes que deliberadamente se hacen daño a sí mismos. En 1984, todos los estados miembros de la Región Europea de la World Health Organization adoptaron una política de salud común en toda Europa que incluía 38 objetivos para lograr tener salud para todos. En uno de estos puntos, se reconoce la importancia del suicidio y las autoagresiones deliberadas como un asunto de salud pública que es importante, y como una causa importante de mortalidad y morbilidad. El punto en cuestión menciona que "para el año 2000, debe haber una reducción sostenida y continua en la prevalencia de las enfermedades mentales, y una mejoría en la calidad de vida de todas las personas que padecen estos trastornos, y un retroceso en la creciente tendencia de suicidios y autoagresiones deliberadas (WHO, 1982, 1986). Las Naciones Unidas también han resaltado la importancia de la prevención del suicidio (1996).
En Europa, la mayor atención hacia las estrategias de prevención del suicidio ha ocurrido en Escandinavia, en donde Finlandia tiene un programa muy sofisticado que se basa en un estudio nacional de autopsias psicológicas, y en donde Suecia, Noruega y Dinamarca cuentan con sus propios programas.
En Bélgica y los Países Bajos, la prevención del suicidio no está actualmente incluida dentro de las políticas de salud pública, sin embargo, en Bélgica se realizan esfuerzos por parte del Ministerio de Salud, para desarrollar un programa de prevención del suicidio.
El gobierno de Australia, a través de su Departamento de Servicios Humanos y de Salud de la Commonwealth se ha comprometido a reducir el suicidio y la conducta suicida, haciendo un énfasis particular sobre el suicidio en jóvenes. No se han establecido objetivos específicos, pero se han asignado recursos considerables a programas destinados a la reducción del suicidio. Recientemente, el gobierno de Nueva Zelanda ha encargado la elaboración de un informe para ayudar en su política de prevención del suicidio.
En los Estados Unidos, la atención se ha colocado en la prevención del suicidio en personas jóvenes, y una discusión más general de la prevención del suicidio ha tenido lugar en Canadá.
En el Reino Unido, el anterior gobierno estableció dos objetivos referentes al suicidio para el año 2000. El primer objetivo era la reducción de la tasa global de suicidios en un 15%, y el segundo era una reducción en la tasa de suicidios en personas con enfermedades mentales graves del 33% (Department of Health, 1992). El gobierno actual ha incluido un objetivo destinado a la reducción de la tasa de muertes por suicidio y por lesiones indeterminadas del 17% para el año 2010 (Department of Health, 1998). Hasta ahora, ha habido una ausencia de asimilación del conocimiento acerca de la efectividad de medidas preventivas o de tratamientos específicos dirigidos a aquellas personas en riesgo (Gunnell & Frankel, 1994).
Aunque es difícil examinar los efectos de los tratamientos sobre las tasas de suicidios cometidos, las intervenciones posteriores a conductas suicidas no letales son más susceptibles de evaluarse. Esto es directamente relevante en el caso de la prevención del suicidio, porque el riesgo de suicidio después de una autoagresión deliberada (DSH) es considerable. De esta forma, por lo menos 1% de los pacientes remitidos a hospitales generales en el Reino Unido por DSH, muere a causa de un suicidio cometido en el transcurso de un año posterior a un episodio de DSH, y entre 3-5% durante 5 a 10 años después (Hawton & Fagg, 1988). Las tasas de suicidio después de DSH son considerablemente mayores en otros países en donde la población con DSH tiene un perfil de edad más avanzado y que incluye más pacientes con trastornos psiquiátricos mayores (Rygnestad, 1997). Visto desde otro punto de vista, entre un 40-50% de las personas que mueren por suicidio tuvieron episodios previos de DSH (Ovenstone & Kreitman, 1974). Dentro de estudios de riesgo realizados en diferentes poblaciones de pacientes psiquiátricos, una historia de DSH es el mejor predictor de un eventual suicidio, en donde aquellos que tienen episodios repetidos de autoagresión, tienen el riesgo más alto. La DSH es más frecuente entre las mujeres; en la mayoría de los estudios, dos tercios de los pacientes que se han autoagredido, son mujeres. No obstante, desde mediados de los años ochenta, las tasas de DSH en algunos países europeos se han incrementado entre jóvenes de sexo masculino (Hawton & Fagg, 1992; Kerkhof y cols, 1994).
En la actualidad, dentro del Reino Unido, y en parte como resultado de los objetivos frente al suicidio planteados por el gobierno anterior, hay un interés considerable en mejorar los estándares de atención dentro de los servicios de hospitales generales para las personas que intentan suicidarse. El Royal College of Psychiatrists ha publicado guías de consenso sobre los estándares para estos servicios, las cuales se refieren principalmente a los procedimientos de evaluación (Royal College of Psychiatrists, 1994). Existe la necesidad de que haya una asimilación de la evidencia referente a estos procedimientos, y en especial a los tratamientos posteriores. Se han publicado recientemente algunas revisiones descriptivas sobre los resultados de tratamiento en pacientes con DSH, pero no han incluido un screening sistemático de la literatura, evaluaciones de calidad y procedimientos de metanálisis (Hirsch y cols, 1982; Dew y cols, 1987; Moller, 1992; Hawton, 1989; Hawton, 1997), o bien, se han basado en agrupaciones heterogéneas de tratamientos, que no informan la práctica clínica (van der Sande y cols, 1997).
En esta revisión, nos hemos centrado en aquellos actos de autoagresión que se inician deliberadamente y que no tienen un resultado fatal, tales como el envenenamiento provocado y las lesiones provocadas. Se han propuesto diferentes términos para describir el mismo tipo de comportamiento, como "intento de suicidio", "parasuicidio" y "autoagresión deliberada". No se ha logrado un consenso alrededor de un término común. En esta revisión utilizaremos el término "autoagresión deliberada (DSH, 'deliberate self-harm') ya que es un término más preciso en cuanto a la variedad de motivos que conducen a una conducta autodestructiva. En esta revisión no incluiremos estudios relacionados con actos de autoagresión que son síntomas de retardo mental.
