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Colocación de cercos en piscinas para evitar que los niños se ahoguen

Thompson DC, Rivara F

En la mayoría de los países industrializados la asfixia por inmersión se encuentra en segundo o tercer lugar detrás de los vehículos a motor y los incendios como causa de muerte por lesión involuntaria en niños de menos de 15 años de edad. Las tasas de muerte por asfixia por inmersión son más altas en niños de menos de cinco años de edad. Entre los niños, el factor de riesgo más importante para sufrir asfixia por inmersión es la edad y, en cierta medida, la localidad. Para los lactantes, el mayor riesgo es sufrir asfixia por inmersión en la bañera. Una vez que los niños logran movilidad deambulatoria (entre los 1-4 años), las piscinas representan mayor riesgo de lesión por inmersión. Las tasas varían según la zona y son más altas en localidades donde el clima es cálido y la exposición a piscinas es máxima. Por ejemplo, la tasa para los niños entre 0-4 años de edad en los Estados Unidos es 3.9 por 100,000, pero 9.4 por 100,000 en Arizona (datos U.S. Mortality). La tasa de muertes por asfixia por inmersión preescolar en Australia es 8.2 por 100,000 y varía de 4.69 en el Territorio de la capital australiana (Canberra) a 15.7 por 100,000 en Queensland. (Pearn 1978a) Se ha estimado que por cada muerte de un niño por asfixia por inmersión, se hospitalizan aproximadamente cuatro niños (Wintemute 1990) y 14 son vistos en el departamento de emergencias y son dados de alta (Spyker 1985).

Geddis 1984 estimó que, por cada niño visto en el departamento de emergencias, había 10 "cuasi pérdidas", es decir, niños que sufrieron una inmersión y fueron rescatados rápidamente. Sin embargo, entre los que sufren una inmersión y pierden el conocimiento, la tasa de mortalidad llega al 50%. El resultado para la mayoría de los niños que sufren una inmersión está determinado por su estado a la llegada al departamento de emergencias; la atención médica y en UTI una vez internados parece tener un impacto relativamente pequeño sobre el resultado.

Cercar la piscina es una intervención pasiva sobre el medio ambiente, diseñada para reducir el acceso imprevisto a las piscinas y así prevenir la asfixia por inmersión en el grupo de edad preescolar.

Durante la última década muchas comunidades, particularmente en Australia, han aprobado leyes que exigen la colocación de cercos en piscinas privadas y públicas. De hecho, gran parte de la evidencia de que la colocación de cercos en piscinas reduce el riesgo de sufrir asfixia por inmersión entre los niños proviene de los estudios que examinan las tasas de asfixia por inmersión antes y después para piscinas cercadas y no cercadas.

Aun después de haberse realizado algunos de los estudios pioneros, la actitud favorable hacia el cercado de piscinas no se tradujo necesariamente en cambios reales en la colocación de cercos en piscinas. (Fergusson 1983, Nixon 1986, Wintemute 1990a, Choo 1995)

Más recientemente, algunos estudios han examinado si el tipo de cerco que rodea una piscina representa una diferencia. Los estudios comparativos de cercas perimetrales (barrera de propiedad) versus la colocación de cercos de aislamiento (alrededor del área inmediata a la piscina) muestran que las cercas de aislamiento son mucho más eficaces para reducir el riesgo de sufrir asfixia por inmersión. (Wintemute 1990).

Se suman a este hallazgo los estudios acerca de la habilidad de los niños para trepar ciertos tipos de cercos. (Nixon 1979; Rabinovich 1994) En particular, los cercos en eslabón de cadena, aunque permiten la visibilidad del área de la piscina, son los más fácilmente escalados hasta por niños de dos años de edad. Los cercos de barras de hierro ornamentales se propusieron como la mejor barrera, con "escalabilidad" reducida aunque reteniendo el factor de visibilidad. La altura de la cerca representa poca diferencia si el niño puede subirla; un estudio demostró que el tiempo promedio para que un niño de cuatro años subiera un cerco de cinco pies (1.65 m) era 17 segundos. (Nixon 1979). En el caso de los cercos no escalables, el elemento más importante en la colocación de cercos es un cerrojo seguro, de cierre automático. Tomando en cuenta éstos y otros hallazgos, la U.S. Consumer Product Safety Commission ha compilado una lista de recomendaciones mínimas (CPSC 1991) para la colocación de cercos en piscinas residenciales. La reciente legislación sancionada en Seattle, Washington, EE.UU., requiere una altura del cerco de por lo menos cinco pies, y un espacio entre barrotes de no más de cuatro pulgadas (Quan 1990).

Debido a la magnitud del problema y a la potencial eficacia de la colocación de cercos, decidimos evaluar el efecto del cercado de piscinas como una estrategia de prevención de la asfixia por inmersión para los niños pequeños.

Datos de la investigación