La prostatitis crónica es una enfermedad que causa una importante morbilidad en los hombres a través del conjunto de síntomas urinarios asociados, la disfunción sexual y el dolor pélvico (Krieger 1996). A pesar de la escasez de investigación epidemiológica publicada sobre la prostatitis crónica (McNaughton Collins 1998), los estudios disponibles indican que se trata de una afección frecuente (McNaughton Collins 1998, Roberts 1998, Moon 1997, Nigro 1997).
Existen varios tipos de prostatitis, cada uno con diferentes características y tratamientos. La clasificación tradicional consistía en: prostatitis bacteriana aguda; prostatitis bacteriana crónica; prostatitis no bacteriana crónica y; prostatodinia (Drach 1978, Meares 1968). Sin embargo, en 1995 el taller sobre la prostatitis crónica patrocinado por los institutos National Institutes of Health/National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases (NIH/NIDDK), creó una nueva clasificación: Tipo I (prostatitis bacteriana aguda); Tipo II (prostatitis bacteriana crónica); Tipo III A (síndrome de dolor pélvico crónico inflamatorio); Tipo III B (síndrome de dolor pélvico crónico no inflamatorio) y; Tipo IV (prostatitis inflamatoria asintomática (NIH/NIDDK 1995). Nos centraremos en el síndrome de dolor pélvico crónico / prostatitis crónica; de origen inflamatorio y no inflamatorio. Esta revisión no tratará la prostatitis aguda, la prostatitis bacteriana ni la prostatitis asintomática.
Se desconoce el origen de la prostatitis crónica, y la cantidad y diversidad de tratamientos para esta afección reflejan en parte esta carencia de conocimiento. A pesar de que existen innumerables hipótesis sobre la causa de la prostatitis crónica y de tratamientos innovadores, todavía no existe un tratamiento de aceptación universal, o bien un tratamiento que se considere efectivo o tratamiento de elección. La ausencia de un tratamiento seguro y eficaz para esta enfermedad enigmática provoca la frustración de pacientes y médicos.
Una teoría reciente sobre su origen es que el reflujo de orina en los conductos prostáticos causa inflamación prostática por las concentraciones elevadas de metabolitos de bases púricas y pirimídicas presentes en las secreciones prostáticas (Persson 1996). Esta teoría llevó al uso del alopurinol para el tratamiento de la prostatitis crónica con la esperanza de disminuir los niveles prostáticos de ácido úrico y de mejorar los síntomas. Sin embargo, la adopción de este tratamiento fue criticada como prematura (Nickel 1996).
