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Intervenciones en medios de comunicación masivos para prevenir el hábito de fumar en personas jóvenes

Brinn MP, Carson KV, Esterman AJ, Chang AB, Smith BJ

Se ha informado que la experiencia con cigarrillos comienza a temprana edad; en Inglaterra, se estima que el 23% de las personas de 11 años ya ha intentado fumar. Esta cifra asciende al 63% de muchachas y 59% de muchachos para la edad de 15 años. La prevalencia del hábito de fumar en 1994 era 10% en muchachos y 13% en muchachas de edades entre 11 y 15 años (Walters 1996). Entre 1994 y 1996 hubo un 5% de aumento en el número de mujeres de 16 - 24 años de edad que fumaban y un 2% de aumento en los hombres del mismo intervalo de edad. El hábito de fumar en este grupo de edad era del 33%, comparado con el 26% en otros grupos de edad (HEA 1997). Un estudio nacional reciente del hábito de fumar entre los estudiantes secundarios en Inglaterra (de edades entre 11 y 15 años) encontró que el número promedio de cigarrillos fumados por semana por los fumadores regulares era 56 para los muchachos y 47 para las muchachas. Se definieron como fumadores regulares a aquéllos que fumaban por lo menos un cigarrillo por semana (Jarvis 1997).

Las cifras de los EE.UU. sugieren que alrededor de dos tercios de los adolescentes han probado fumar hacia la edad de 18 años y la estimación del número de adolescentes que son actualmente fumadores es de aproximadamente 3.1 millones (US DHHS 1994).

Aquéllos que experimentan con cigarrillos a una edad temprana pueden desarrollar actitudes positivas hacia el hábito de fumar y tienen más probabilidades de manifestar intenciones de fumar en el futuro cuando se los compara con niños que no experimentaron el hábito (Oei 1990). La adicción a la nicotina normalmente empieza durante la adolescencia y las personas jóvenes que empiezan a fumar a una edad temprana tienen más dificultad para dejar el hábito de fumar en años posteriores (Reed 1993).

Una reciente revisión sistemática de la literatura ha identificado un número de diferentes factores medioambientales, sociodemográficos, de conducta y personales asociados con el comienzo del hábito de fumar (Tyas & Pederson 1997). En particular, se ha pensado que el grupo de amigos juega un papel importante para influenciar la conducta hacia el hábito de fumar. Un punto de vista teórico clave para explicar la asociación entre amigos que fuman y hábito de fumar de los adolescentes el enfoque de la influencia social o Teoría del Aprendizaje Social, que predice que las personas jóvenes se adelantan, inician y adoptan el hábito de fumar como parte del proceso de socialización (Cleary 1988). La Teoría del Aprendizaje Social no sólo explica cómo las personas adquieren y mantienen conductas, sino que también proporciona la base para la intervención y cambios de conducta.

El enfoque de la Teoría del Aprendizaje Social frecuentemente se ha adoptado en programas de prevención escolares; sin embargo, también ha sido usado como base para el diseño de programas difundidos por medios de comunicación masiva. Estas campañas se diseñan para influir en las conductas presentando modelos de rol positivos que rechazan hábito de fumar en situaciones típicas en las que se estimula el hábito de fumar, en la esperanza que la conducta de rechazo sea adoptada por el público al que está dirigido el mensaje.

Si el público al que está dirigido el mensaje le presta atención o no al modelo depende de las características del modelo y de cada observador. Para desarrollar un programa de prevención eficaz es necesario tanto desarrollar la capacidad de responder a la presión social como proporcionar un modelo de conducta alternativa. Los programas basados en la Teoría de Aprendizaje Social abordan las motivaciones existentes detrás del hábito de fumar y proporcionan opciones de conductas alternativas. Este enfoque contrasta con los primeros esfuerzos dirigidos a la prevención del hábito de fumar que asumían que las personas jóvenes carecían de información sobre los efectos negativos del hábito de fumar y que si ese hueco de información se solucionaba, ellas tomarían decisiones racionales para no fumar. Este es el origen del término - enfoque racional - que se usa con frecuencia para este tipo de intervención.

Otros enfoques teóricos que se han usado en la investigación de la prevención del hábito de fumar incluyen el enfoque afectivo orientado al crecimiento individual, en el que se hace hincapié en aumentar la autoestima y la autovaloración, en disminuir los sentimientos de alienación y en desarrollar capacidades de toma de decisiones e interpersonales. Un presupuesto básico dentro de este enfoque es que la información específica del hábito de fumar no es considerada necesaria para prevenir el inicio del hábito. También se ha usado el enfoque de normas sociales, en el cual se pone énfasis en reducir la alienación y aumentar la autoestima, a menudo a través de la participación activa en diferentes actividades.

Los medios de comunicación masivos (televisión, radio, periódicos, carteleras) han sido usados cada vez más como una manera de suministrar mensajes de salud preventiva. Estos medios tienen el potencial de llegar a una gran proporción de la población, particularmente grupos a los que puede ser difícil acceder a través de enfoques más tradicionales, y es una manera relativamente barata de exponer a la población a información con respecto a su salud. También tienen el potencial de modificar el conocimiento o actitudes de una proporción grande de la comunidad en forma simultánea (Redman 1990). Se ha sugerido que los medios de comunicación masivos son particularmente apropiados para entregar mensajes anti-tabaco a las personas jóvenes, porque ellas están expuestas y a menudo están muy interesadas en los medios de comunicación (US DHHS 1994).

Se estima que las personas jóvenes se pasan mirando televisión casi el doble de horas (22 000 hrs) de las que dedican a la educación formal (12 000 hrs) (Worden 1988). Hacia la edad de 18 años, una persona joven habrá gastado más tiempo entretenido por los medios de comunicación que por cualquier otra actividad, excepto dormir (Davies 1993). Los medios de comunicación masivos, particularmente la televisión, puede influir sobre las percepciones de la gente jóvenes acerca de qué es lo que constituye el mundo real, una conducta social aceptable y contribuir a adoptar normas culturales y transmitir mensajes importantes y creíbles acerca de las conductas que ellos presentan (Strasburger 1995).

Las revisiones anteriores de la literatura han evaluado la efectividad de campañas en medios de comunicación masivos en influir sobre la conducta acerca del hábito de fumar en personas jóvenes. Sin embargo, estas revisiones han incluido otros tipos de intervención, como programas escolares o iniciativas de la comunidad y por lo tanto no han incluido todos los estudios pertinentes en ningún área (Michell 1994; Reid 1996; Reid 1995; Stead 1996; US DHSS 1994).

En general, estas revisiones han informado resultados no concluyentes sobre la efectividad de los medios de comunicación masivos. Ha habido otras revisiones de la literatura que se han centrado exclusivamente en los medios de comunicación masivos, pero ocupándose del abandono del hábito de fumar en fumadores adultos (Flay 1987a; Flay 1987b). Estas revisiones de abandono del hábito de fumar han concluido que las campañas en medios de comunicación masivos pueden reducir las tasas de hábito de fumar, en particular las campañas que son más intensas en términos de alcance, frecuencia y duración (Flay 1987b).

Datos de la investigación