El tratamiento con antifibrinolíticos comparado con el placebo mostró una reducción significativa en la pérdida sanguínea media (diferencia de medias ponderada [DMP] -94,0; intervalo de confianza [IC] del 95%: -151,4 a -36,5) y un cambio significativo en la reducción media de la pérdida de sangre [DMP -110,2; IC del 95%: -146,5 a -73,8]). Esta mejoría objetiva no se reflejó en una mejoría percibida por la paciente en cuanto al sangrado menstrual (riesgo relativo [RR] 2,5; IC del 95%: 0,9 a 7,3]) en un estudio que registró este resultado. (Edlund 1995).
Los agentes antifibrinolíticos solamente se compararon con otros tres tratamientos farmacológicos (no quirúrgicos): ácido mefenámico, noretisterona administrada en la fase luteínica y etamsilato. En todos los casos, había una reducción significativa en la pérdida sanguínea media (DMP -73,0; IC del 95%: -123,4 a -22,6; DMP -111,0; IC del 95%: -178,5 a -43,5; y DMP -100; IC del 95%: -143,9 a -56,1 respectivamente) y una fuerte pero no significativa tendencia a favor del ácido tranexámico en la percepción de las participantes de un mejoramiento en la pérdida sanguínea menstrual. No había diferencias significativas en la frecuencia con la que se informaron los efectos secundarios del ácido tranexámico cuando se comparó con el tratamiento con progestágenos orales de la fase luteínica (RR 0,4; IC del 95%: 0,1 a 1,2), o en cuanto a los abandonos del tratamiento causados por los eventos adversos cuando se compararon con los AINE y el etamsilato, en los casos en los cuales estos tratamientos habían sido empleados para el sangrado menstrual abundante. Los cambios en las medidas de calidad de vida, desbordamiento y filtración y vida sexual, mejoraron significativamente en el grupo de ácido tranexámico cuando se comparó con el grupo de progestágenos orales. Estos hallazgos se basaron en muchos casos solamente en un ensayo.